Noviembre 6-7 de 2.025 – Lo que el Pueblo Colombiano NO puede olvidar

Noviembre 6-7 de 2.025 – Lo que el Pueblo Colombiano NO puede olvidar

Este es el resumen de los eventos basado en informes de la Comisión de la Verdad, entidad encargada de esclarecer hechos del pasado y que se refiere a esta tragedia como el «holocausto» de Colombia.

El «EME» antes de la Toma

El M-19 había nacido en los 70, reaccionando a lo que consideraron un fraude en las elecciones del 19 de abril de 1970 en las que perdió el candidato de la ANAPO (el exdictador Gustavo Rojas Pinilla), un movimiento político al que pertenecían los fundadores de la guerrilla.

A diferencia de otras guerrillas como las Farc o el ELN, el «EME» tenía una mayor presencia urbana.
Recientemente se había mediatizado gracias al robo de la espada de Simón Bolívar de un museo de la capital en 1974 o la sustracción de más de 5.000 armas de una instalación del Ejército en Bogotá.

Sus movimientos les ganaron un odio particular entre militares, que lanzaron una violenta ofensiva contra el grupo a comienzos de los 80.

Posiblemente la operación más exitosa de la guerrilla fue la toma de la embajada de República Dominicana el 27 de febrero de 1980.

Tras dos meses de negociaciones, el gobierno accedió a que los guerrilleros volaran a Cuba con los rehenes, donde los liberaron y recibieron asilo.

En 1984, unos acuerdos de paz entre el M-19 y el gobierno de Belisario Betancur fracasaron y se desplomó una tregua firmada entre las partes.

Los insurgentes consideraron que el gobierno de Betancur había incumplido e idearon tomar el Palacio, capturar juristas y someter al presidente a un juicio político.

Los magistrados de la Corte Suprema que se encontraban ese día en el Palacio eran considerados como algunos de los talentos jurídicos más prodigiosos del país.

Doce murieron durante los hechos.

LA TOMA DEL M-19

Algunos rehenes lograron salir del Palacio antes de recrudecerse la operación de retoma del Ejército.
Entre las 10.30 y 11.00 am del 6 de noviembre de 1985, guerrilleros del M-19 irrumpieron armados por el sótano del recinto.

Entraron 35; 25 hombres y 10 mujeres. Seis menos de lo pretendido.

Apenas encontraron resistencia.

«Escuché un ruido raro en la parte del sótano y pensé que de pronto había sido algo como tubos fluorescentes destruidos. Vi hacia afuera un vigilante, el único que estaba en el primer piso, que corría con el arma en la mano y grité: ‘¡Hermanos, se entró la guerrilla!», porque todo el mundo hablaba de eso en días anteriores», dijo un testigo.

Dieciocho días antes, servicios de inteligencia conocieron los planes de la guerrilla y en consecuencia se aumentó la seguridad del edificio, pero en el momento de la Toma no había ni un miembro de las Fuerzas Armadas para defenderlo.

Las máquinas detectoras de armas en la puerta fueron retiradas dos días antes.

Un grupo de vigilantes y escoltas defendió el Palacio, pero en pocos minutos «un sinnúmero de funcionarios, visitantes y empleados quedaron atrapados en el fuego cruzado que los convirtió en rehenes, carne de cañón del combate que se desató entre el grupo de asalto del M-19 y cuerpos de seguridad del Estado liderados por las Fuerzas Armadas», dice la Comisión de la Verdad.

Se estima que había alrededor de 300 personas dentro del Palacio cuando empezó la toma.

Desde el mediodía del 6 de noviembre y hasta las primeras horas de la tarde del 7, cientos de soldados ejecutaron la retoma, catalogada como excesiva y desproporcionada por informes oficiales, rehenes, testigos y víctimas.

«A partir de la 1:00 p.m. del 6 de noviembre la fuerza pública asumió la acción ofensiva con ocho unidades blindadas y tres helicópteros. La sangrienta y prolongada batalla causó numerosas bajas en ambos bandos, dio lugar al primer incendio en el sótano y se caracterizó por el empleo de armas automáticas, bombas y explosivos», dice la Comisión.

Hasta hoy sigue se sigue desconociendo el número de desaparecidos. Se denuncia que algunos de estos salieron con vida del Palacio.

Ese primer incendio se produjo en el sótano entre la 1:00 pm y 2:00 pm, tras la explosión de cargas explosivas del M-19, el ingreso de tanques y el fuerte enfrentamiento en la zona.

Un segundo fuego surgió en el auditorio junto a la biblioteca, en el primer piso, una vez la fuerza pública lo controló.

El tercero, el mayor, emergió entre las 5:00 y 6:00 pm en el cuarto piso.

Los incendios agravaron el estado de los rehenes dentro, atrapados entre el humo, las llamas y las altas temperaturas.

También consumieron cientos de documentos oficiales.

Mientras, la confusión imperaba en la sociedad colombiana, que asistía perpleja a la batalla infernal en el centro de Bogotá.

LA «LETANÍA» DE REYES ECHANDÍA

«La situación es dramática, estamos rodeados aquí de personal del M-19. ¡Por favor, que cese el fuego inmediatamente! (…) Estamos en un trance de muerte».

Las palabras son del presidente de la Corte Suprema, Alfonso Reyes Echandía, divulgadas a través de los medios mientras los militares arremetían con tanques, helicópteros y francotiradores contra el interior del edificio.

Los rehenes que como Reyes Echandía se encontraban en el tercer y cuarto piso bajo la vigilancia de guerrilleros del EME se refirieron a este llamado del magistrado como la «letanía».

En múltiples ocasiones, a través de medios y contactos de alto nivel, Reyes Echandía intentó transmitirle este mensaje al presidente directamente, sin éxito, para que negociara una salida con los guerrilleros.

Mientras, los tanques habían ingresado al primer piso (que es la Planta Baja en Colombia) y disparaban continuamente contra los niveles 3º y 4°, donde se encontraban rehenes.

Los helicópteros disparaban contra las ventanas. Caían cortinas, lámparas, se reventaban los vidrios.
«Desde el tercer piso, los rehenes enviaban papeles con mensajes diciendo que estaban allí para que el Ejército los rescatara, pero nadie les ponía atención», recuerda la Comisión de la Verdad.

Es célebre el baño donde 60 personas se hacinaron entre balas.

Durante la llamada Operación Rastrillo en la mañana del 7, cuando los militares se enteraron que un último reducto de guerrilleros sobrevivía en uno de los baños, «afinaron la puntería y dispararon hasta el final», según la Comisión.

Escasos de municiones, atrincherados y sin salida, los insurgentes autorizaron la salida de rehenes sobrevivientes. Entre ellos se camuflaron Irma Franco Pineda y Clara Helena Enciso, dos de las rebeldes que asaltaron el Palacio.

Una vez salieron, «el Ejército entró y acabó con los que estaban adentro», según un testimonio recopilado por la Comisión.

LA CASA DEL FLORERO

La Casa del Florero, hoy también Museo de la Independencia, se encuentra cruzando la Carrera Séptima desde el actual Palacio de Justicia, reconstruido sobre las ruinas del inmueble anterior.

Allí instaló el ejército su base de operaciones y llevó a los rehenes que salían a cuentagotas en condiciones adversas.

«La Fuerza Pública llevaba un estricto control de las personas que iban siendo sacadas del Palacio; por una parte, para evitar la infiltración de guerrilleros entre los civiles que salían y, por otra, para conseguir información ‘de inteligencia’ para efectos del desarrollo de las operaciones militares», expone la Comisión.
No todos los rehenes fueron tratados igual.

Este brutal enfrentamiento dejó; Más de 100 muertos, muchísimos heridos y varios desaparecidos, cuyos familiares reclaman aún por ellos.

Algunos altos oficiales del ejército que participaron en esa masacre fueron detenidos, sentenciados por varios años, por ser responsables de ese genocidio.

LA IRRESPONSABILIDAD DEL GOBIERNO DEL SEÑOR BELISARIO BETANCURT PERMITIÓ: LA TOMA MILITAR DEL ESTADO COLOMBIANO.
FUE INCAPAZ DE DAR UNA SOLUCIÓN PACÍFICA A ESTE EPISODIO.
EL SEÑOR BETANCURT PROMETIO QUE ANTES DE SU MUERTE ESCRIBIRÍA UN LIBRO EXPLICANDO LA VERDAD DE LO ACONTECIDO. MURIÓ Y NO DEJÓ NADA ESCRITO.

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